
SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO
«Llamamos ante todo a los hijos de la Iglesia a tomar conciencia cada vez mayor de su responsabilidad: "Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo"
Con dos sencillas comparaciones el Señor Jesús nos habla de una doble responsabilidad en la misión de anunciar la buena nueva al mundo entero: la primera es la de "no desvirtuarnos", cuidar de no perder la fuerza y la capacidad de "salar"; la segunda es la de "hacer brillar nuestra luz delante de los hombres". Nuestra presencia en medio del mundo -enseña el Señor- ha de ser como la de una ciudad puesta en lo alto de un monte: no puede ocultarse, es visible para todos. Esforzándonos por llevar día a día una vida cristiana coherente y luminosa, estamos llamados a ser un importante punto de referencia para la vida de muchos que, viendo nuestras buenas obras, darán gloria a nuestro Padre «que está en los cielos».
Así hemos de profundizar en nuestro llamado a vivir bien y también a enseñar.
Hay que vivir bien, y por ello el Señor Jesús nos compara con la sal. ¿Quién no quiere vivir bien? Todos lo queremos. Pero, ¿qué es vivir bien? Muchos creen que vivir bien es rodearse de riquezas, buscar constantemente gozar de placeres o dominar sobre los demás. Este "vivir bien", que constituye el horizonte de máxima aspiración para muchos, no puede apagar la sed de infinito del hombre.
El ser humano para vivir bien en el sentido pleno de la palabra necesita mucho más que eso, necesita ante todo saber quién es para poder ser quien es, es decir, al ser humano le urge conocerse a sí mismo, su identidad verdadera, para a partir de allí orientar decididamente toda su acción hacia la realización de aquello que está llamado a ser. La Sal Preserva.
La forma de preservar la comida durante los días de Jesús consistía en untar
sal al pescado, carnes y otros productos de fácil descomposición.
Preservativos y refrigeración son medios muy recientes.
Esta ilustración del Señor sobre la sal fue perfecta. Lo que los discípulos
entendieron, es que lo que es la sal para la comida, es lo que todo Cristiano
debe de ser para las demás personas. “preservar de la corrupción”
Somos aquellos que salvan y preservan el mundo. (1Pedro.2:11-12)
El mundo esta perdido en pecado y nosotros somos los que llevamos el
mensaje salvador del evangelio. (2Tim.4:1-2)
¿Podemos honestamente decir que el mundo va en la dirección correcta?
No. El mundo va en mala dirección. Desobedeciendo la ley de Cristo.
Matrimonios homosexuales tratando de ser legalizados.
La pornografía adulta e infantil, la prostitucion.
El uso depravado del licor y las drogas.
La sal debe tener contacto con la carne para que le ayude. Si la sal se pone
a unos centímetros de la carne no le servirá de nada.
La Sal Irrita.
Si la sal entra en contacto con una cortada, o algún tipo de herida, irrita y
arde. Pero hay que recordar que la sal no hizo la herida, la herida ya estaba.
Si la palabra de Dios nos irrita, entonces quiere decir que esta trabajando en
La forma en que vivimos los cristianos y lo que enseñamos, a veces va
irritar a muchos. Ese es el resultado de ser la sal de la tierra. (Mat.5:11-12)
Nuestro hablar diario debe de ser sazonado con sal. (Col.4:6)
Debemos recordar que los Cristianos no hacen la herida, tal como la sal,
solamente enfatizan la herida que ya estaba ahí.
Es interesante ver que Jesús no dijo "Vosotros sois la azúcar, miel o el
dulce de la tierra". Ha muchos les gustaría que hubiera dicho eso.
Hoy día mucha gente solamente quiere hablar, enfatizar y escuchar
acerca del amor de Dios.
Se olvidan que Dios también es un Dios de justicia, un Dios que castigara a
aquellos que rehúsen escuchar y obedecer sus palabras. (Heb.10:26-31)
Para mucha gente el cristianismo consiste solamente de "azúcar"
Es claro que necesitamos predicar el amor de Cristo. “Pero el enfatizar
solamente amor todo el tiempo no era la manera de predicar de Cristo”.
Jesús nunca enfatizo solamente azúcar. (Mateo.23:25-33)
Otros ejemplos: Juan el Bautista, Esteban, Pablo. Etc.
Este tipo de predicación lamentablemente no es tolerada por muchos que
se dicen ser seguidores de Cristo hoy día. !La verdad duele, pero salva!.
La Sal Produce Sed.
El comer comidas que contengan mucha sal causa sed física.
Los cristianos por la manera en que vivimos, el ejemplo que damos y lo que
enseñamos causamos y producimos sed espiritual en otras personas:
El querer obedecer a Dios.
El querer ser libres del pecado.
El querer ser parte de la familia de Dios.
El querer tener la esperanza de la vida eterna. etc.
Debemos crear hambre y sed de Dios. (Mateo.5:6)
El cristiano no calma la sed, la produce. Cristo la calma. (Juan.4:13-14)
Muchas comidas no tienen sabor sin sal. Son insípidas.
Cuando la sal no esta se extraña. Por el sabor que proporciona.
Pero la sal puede perder su sabor, diferentes cosas pueden causar esto (los
elementos a su alrededor, la humedad, las impurezas. etc)
La sal de tiempos antiguos podía perder su sabor fácilmente si no se
almacenaba correctamente. “perdía su calidad de sal”
La sal insípida en aquellos días se tiraba en las calles. No se podía regar
en el jardín o el campo, pues dañaría el tierra. (Lucas.14:34-35)
¿Si usted se vuelve insípida, para que puede servir? (Mat.5:13) “para nada”
Existen muchas cosas por las cuales el cristianos pueden perder su sabor.
Una de ellas es por ser contaminados por el mundo. (1Juan.2:15-17:)
El Cristiano no tiene o debe participar en cosas o acciones pecaminosas.
:Por la Revelación comprendo además que soy persona humana porque he sido creado por Dios, Comunión de Amor, a su imagen y semejanza. Lo que soy es un don de este único Dios personal.
Por la Revelación conozco también que luego del desorden y la muerte introducidos en el mundo por el pecado del hombre, y luego de la obra reconciliadora realizada por el Señor Jesús, asociado a la muerte y resurrección del Señor Jesús por el Bautismo, he llegado a ser una nueva criatura: soy cristiano.
Quién soy respondo entonces: soy persona humana y soy cristiano. Por Don de Dios, esa es mi identidad básica. Conocer esta realidad ontológica es fundamental para poder vivir bien, es decir, vivir de acuerdo a aquello que es mi naturaleza, vivir de acuerdo a aquello para lo que he sido creado. De eso depende mi felicidad.
Desde esa identidad hay que enseñar, y por ello el Señor Jesús nos compara con la luz que difunde una lámpara.
El modo como Dios Padre ha dispuesto en sus amorosos designios hacer brillar en el mundo su Luz, aquella que es la vida de los hombres, aquella que nos arranca de las tinieblas del pecado y de la muerte, Pero asimismo ha querido difundir esta luz asociando también a todo hombre redimido a la misión de su Hijo.
Por el Bautismo el hombre pecador pasa de las tinieblas a la luz. En adelante está invitado a caminar como hijo de la luz[, apareciendo ante los demás como una antorcha radiante. Así los cristianos «son la luz del mundo, ya que, iluminados por Él mismo, que es la Luz verdadera y eterna, se convirtieron ellos también en luz que disipó las tinieblas».
Cabe hacernos ahora y siempre una pregunta fundamental: ¿Cómo iluminaremos a los demás si no es con nuestras buenas obras, es decir, con obras que reflejen lo que somos y anunciamos? ¿De qué sirve que alguno de nosotros hable con mucha elocuencia si sus palabras no van precedidas y acompañadas por el "sabor" y fuerza que da a las palabras el testimonio de una vida cristiana coherente, nutrida de caridad?
Sn. Mc. 9, 49 pues todos han de ser salados con fuego. (50) Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros.»
La sal no solo se usaba para sazonar la comida (Job 6:6), sino que tenia una conexión intima con los pactos y compromisos personales. Llamada la “sal del pacto”, se usaba en todas las ofrendas (Lev. 2:13) y era un símbolo de “preservar” los pactos hechos con Dios (Num. 18:19; 2 Cron. 13:5).
Jesús llamo a sus discípulos a ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Los profetas del antiguo pacto eran la sal de la tierra de Cana; pero los cristianos son llamados a ser sal de toda la tierra, porque Jesús dijo id por todo el mundo y predicar el evangelio. La sal del evangelio nos limpia el alma y a preserva de la descomposición espiritual. Es un pacto eterno entre Dios y todos los verdaderos creyentes.
Tal como la sal era requerida en todos los sacrificios de ofrenda, los cristianos necesitan ser “salados,” para ser la sal de la tierra. El mundo se corroe con la ignorancia y el pecado. Por esta razón, Cristo nos envía a sazonar el mundo a través de nuestra vida y enseñanza, con la sabiduría y gracia del evangelio, ¡para hacer aceptables a Dios a todos los creyentes fieles! ¡Se la sal de la tierra